La primera vez que escuché el término Comunicación no Violenta (CNV) me llamó poderosamente la atención. Me sorprendía que, siendo una apasionada del mundo de la comunicación, no hubiera oído hablar de ello antes. Fue durante mi formación como coach cuando empecé a profundizar sobre el tema y a interesarme por saber en qué consistía exactamente; sobre todo porque la forma en que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás puede condicionar nuestra vida.
Fue Marshall B. Rosenberg, mediador, educador y terapeuta, quien acuñó el término y quien estableció una serie de pautas para hacer que nuestra comunicación sea mucho más efectiva y coherente con nuestros valores. En concreto, habla de cuatro elementos clave:
- Observar sin evaluar
- Identificar y expresar los sentimientos
- Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos
- Formular a los demás peticiones conscientes para enriquecer nuestra vida.
1. Observar sin evaluar
La CNV dice que debemos observar todo aquello que vemos, oímos o tocamos pero sin enjuiciarlo. ¿Cuántas veces somos capaces de hacer esto? ¿Te has fijado alguna vez en cómo actúas cuando sucede un hecho X? Casi al segundo aparece un juicio Y. Y es que, como bien decía una buena amiga coach, “las personas somos juicios con patas”.
2. Expresar cómo nos sentimos
Algo que, a priori, parece tan sencillo y, sin embargo, cuesta tanto…No nos han educado para pensar en nosotros mismos, sino en los demás. De hecho, cuando hablamos, es probable que, en ocasiones, pensemos más en qué es lo que el otro espera de mí que en lo que yo deseo.
La CNV aboga por mostrar nuestra cara más humana, la que nos acerca al otro, y expresar la propia vulnerabilidad. Sin embargo, ante una situación de estrés en el trabajo, con un compañero o con nuestro jefe, ¿Cuántas veces somos capaces de mostrarnos vulnerables sin que por ello creamos que estamos siendo débiles? La vulnerabilidad es una competencia fundamental que nos permitirá vincularnos a los demás y establecer lazos mucho más fuertes.
3. Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos
A menudo, solemos echar la culpa a terceros de cómo nos sentimos. “¿Ves? Ya has conseguido enfadarme”, puedes decirle a tu hija. Sin embargo, ¿Es tu hija la responsable de tu enfado o tú? ¿Tiene alguien tanto poder como para hacerte pensar una u otra cosa y que esta condicione tu forma de sentir y de actuar? La CNV hace hincapié en que nuestros sentimientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, si bien a menudo nos cuesta darnos cuenta de ello.
Si hay algo que realmente me pareció revelador, fue el hecho de que nuestros sentimientos dependen también, y mucho, de las necesidades que tengamos cada uno en un momento determinado. Y es que, como dice Rosenberg, todos los juicios, críticas y diagnósticos que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos de los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades. Y lo ejemplifica de una forma muy gráfica: Si alguien te dice: “Tú no me entiendes”, lo que está diciéndonos en realidad es que su necesidad de ser comprendido no está satisfecha. ¿Te has parado a pensar en cómo podrían cambiar nuestra relación con los otros si fuéramos capaces de ‘leer entre líneas’?
4. Peticiones conscientes
Es decir, aquello que nos gustaría pedir a los demás para que nuestra vida sea un poquito mejor. Normalmente, cuando pedimos algo, usamos un lenguaje bastante abstracto y, como resultado de ello, no conseguimos satisfacer nuestras necesidades. Rosenberg cuenta en su libro ‘Comunicación No Violenta’ (Editorial Gran Aldea Editores) la historia de un hombre que se cayó a un lago. Mientras intentaba llegar nadando a la orilla, le gritó a su perro: “¡Lassie, busca ayuda!”. En la siguiente imagen se podía ver al perro tumbado en un diván.
Aunque suene cómico, este ejemplo no es más que un reflejo de lo que a menudo nos sucede en las conversaciones con los demás. Damos demasiados rodeos a determinadas peticiones sin darnos cuenta de que cuanto más claros nos mostremos con respecto a lo que esperamos del otro, más probabilidades tenemos de que satisfagan nuestras necesidades.
Desde mi punto de vista, todas estas pautas carecerían de sentido si solo las aplicáramos en nuestras relaciones con los otros. De hecho, el padre de la CNV sostiene que si somos interiormente violentos con nosotros mismos, es difícil que seamos realmente compasivos con los demás. ¿Qué conversaciones internas tenemos? ¿Qué nos decimos y, sobre todo, cómo nos lo decimos? ¿Cómo pretendemos ser empáticos con los demás (fundamental para una correcta CNV) si ni siquiera lo somos con nosotros mismos?

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